1 de abril de 2026

Tolkien simpatizó y ayudó al bando nacional durante la Guerra Civil Española

JRR Tolkien y Francisco Franco.

En el vasto panorama de la intelectualidad británica del siglo XX, la figura de John Ronald Reuel Tolkien se erige no solo como la de un filólogo de genio incomparable, sino como la de un hombre de fe inquebrantable, cuya brújula moral estuvo siempre orientada hacia la defensa de los valores perennes de la Cristiandad. Mientras sus contemporáneos en Oxford se dejaban seducir por las corrientes del materialismo y la dialéctica de clases, Tolkien permaneció fiel a una cosmovisión donde lo sagrado, el arte sacro y la tradición espiritual constituían el núcleo de la civilización.

Esta convicción alcanzó su punto de máxima tensión durante la Guerra Civil Española, un conflicto que el profesor no interpretó como una mera disputa política, sino como una batalla agónica por el alma católica de Europa.

Para Tolkien, la fe católica no era un accesorio biográfico, sino la luz a través de la cual interpretaba toda la historia humana. Como custodio de la tradición, observó con un dolor profundo y una indignación santa las noticias que cruzaban el Canal de la Mancha desde 1936.

El Señor de los Anillos, ilustrado por Tolkien – JRR Tolkien

Lo que para la prensa secular eran incidentes revolucionarios, para Tolkien era una herida abierta en el Cuerpo Místico de Cristo

La quema de conventos, la destrucción de retablos centenarios y la profanación de catedrales no eran solo actos de vandalismo; eran intentos deliberados de borrar la presencia de Dios en la tierra. Tolkien, que veía en el arte sacro una forma de «subcreación» para glorificar al Señor, consideraba que la furia iconoclasta del bando republicano era una manifestación del nihilismo más oscuro. Cada sacerdote indefenso martirizado y torturado hasta la muerte, y cada monja inocente asesinada o violada eran, a sus ojos, un ataque directo a la dignidad humana y a la herencia espiritual que España había protegido durante siglos.

En este escenario de desolación, la figura del General Francisco Franco se presentó ante la mirada de Tolkien no bajo el prisma del totalitarismo moderno —al cual el profesor detestaba—, sino como el brazo ejecutor de una defensa necesaria de los valores católicos en España. Para el autor de El Silmarillion, el bando nacional representaba la última línea de contención frente a un comunismo que definía como asesino y criminal.

Imagen de Morgoth sentado en su trono de Angband | La Gloria del Árbol Blanco

Ante la amenaza de una España convertida en un satélite soviético, donde la fe fuera proscrita y el culto prohibido, Tolkien no dudó en alinear sus simpatías con aquellos que empuñaban las armas para proteger el derecho a la oración y la integridad de las iglesias. Su apoyo a la causa nacional fue una extensión de su amor por la libertad de la Iglesia y su rechazo absoluto a la tiranía materialista que ya había ensangrentado a Rusia.

Ni demócrata ni progresista. Tolkien, el aliado de la Iglesia y el Bando Nacional en 1936

El compromiso de Tolkien no se limitó a la reflexión académica o a la correspondencia privada. En el ambiente a menudo hostil de la Universidad de Oxford, donde el apoyo a la República era la norma social, Tolkien ejerció un activismo silencioso pero firme. Se convirtió en un dinamizador de las redes de ayuda católica, impulsando colectas destinadas al auxilio de sus hermanos en la fe en España.

Este esfuerzo económico era una forma de resistencia espiritual. Cada contribución que Tolkien organizaba o entregaba era un ladrillo para la reconstrucción de una España católica que él consideraba esencial para el equilibrio moral del mundo. Sus discusiones con otros miembros de los Inklings, notablemente con C.S. Lewis, ponen de manifiesto que para Tolkien no había neutralidad posible cuando el Santísimo Sacramento era objeto de escarnio y los ministros de Dios eran pasados por las armas.

Imagen de Morgoth sentado en su trono de Angband | La Gloria del Árbol Blanco

La fuente original donde se detalla el conflicto entre Tolkien y CS Lewis, es una carta de Tolkien a su hijo Christopher (Carta n.º 83, fechada en 1944, aunque se refiere a sentimientos que arrastraba desde los años 30). En ella, Tolkien relata su frustración con Lewis en estos términos:

«C.S.L. [Lewis] es muy proclive a creerse cualquier cosa sobre los crímenes de los ‘Nacionales’ y nada sobre los de los ‘Rojos’.»

J.R.R. Tolkien nos legó un legendarium excelso y maravilloso, pero también nos monstró el ejemplo de un hombre que no temió nadar contra la corriente de su tiempo para defender la fe católica. Su afinidad con la causa nacional española fue el reflejo de su lealtad a la Verdad. Al oponerse al comunismo criminal y ensalzar la defensa de los valores católicos, Tolkien se posicionó como un caballero de la palabra y la fe, entendiendo que la belleza del arte sacro y la libertad de la Iglesia son los tesoros más valiosos que una nación puede y debe custodiar.

En la historia de la Guerra Civil Española, Tolkien no vio un desfile de ideologías, sino una lucha entre la luz de la tradición y la sombra del odio socialista. Y en esa lucha, su corazón, su pluma y su ayuda estuvieron siempre con la España que rezaba y resistía.

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