Canon VS Amazon. Cómo debería ser Sauron durante la Segunda Edad en Los Anillos de Poder según el canon de Tolkien
Adaptar la Segunda Edad del Sol siempre supuso un reto titánico, pero lo que la megaproducción de Amazon Prime Video ha hecho con la figura de Sauron no es una mera «licencia dramática»; es una amputación de la lógica teológica y biológica que J.R.R. Tolkien diseñó para sus seres sagrados. En su afán de vender un producto digerible para las masas, los guionistas nos han entregado un Sauron descafeinado, un villano de manual que confunde la compresión temporal con la incoherencia absoluta y la libertad estética con la pereza creativa.
La falacia de la armadura
El material promocional de la serie nos muestra con orgullo a un Sauron revestido con una armadura de placas oscuras, guanteletes de hierro y una corona espinosa que evoca, de forma perezosa, el imaginario cinematográfico de Peter Jackson. Visualmente, el mensaje es burdo: «Miren, ya es malo».
Sin embargo, para cualquier lector de El Silmarillion, esta imagen es un anacronismo flagrante que dinamita la cronología del legendarium. Nos encontramos en el punto donde Ost-in-Edhil y Eregion han sido devastados, pero Númenor aún no ha sido sepultada bajo las aguas. Según las leyes de la Tierra Media, Sauron posee intacto en esta época el don del shapeshifting (cambio de forma). No es un caballero de la muerte medieval; es un Maia, una deidad menor que aún camina con una apariencia hermosa, noble y deslumbrante.
Al vestir a Sauron con el «modo oscuro» antes de tiempo, la serie traiciona el concepto más terrorífico del personaje: su capacidad de engañar a través de la belleza. Tolkien dejó claro que incluso tras arrasar Eregion, Sauron regresó a Mordor portando el Anillo Único bajo una forma majestuosa. Fue esa misma presencia cuasi divina la que utilizó para engatusar al mismísimo Ar-Pharazôn cuando este lo llevó cautivo a la Isla de la Estrella. ¿Cómo pretende la serie que nos creamos que la orgullosa corte de Númenor va a meter en sus salones a un espectro acorazado que grita «Señor Oscuro» a kilómetros de distancia?
Un villano de Disney en La Tierra Media
La crítica no se limita a su guardarropa, sino a la falta de trabajo en la esencia física del personaje. En las Cartas de Tolkien, el autor describe la forma física de Sauron tras la forja del Anillo no como un tipo sombrío con barba de tres días y mirada cansada, sino como una presencia colosal y abrasadora. Sus manos eran negras como el carbón porque el fuego de su espíritu corrompido quemaba su propia carne; emanaba un calor tan vivo que calcinó al Rey Supremo Gil-galad con un solo toque.
La serie, temerosa de arriesgar en los efectos visuales o en una caracterización verdaderamente alienígena y divina, prefiere mantener al actor Charlie Vickers con una estética mundana y humana. Se ha sustituido la «luz terrible de sus ojos» —capaz de hacer temblar a reyes elfos— por la mirada melancólica de un antagonista de drama adolescente o de telenovela turca. Es un Sauron rebajado, privado de su escala gigantesca y de su naturaleza ígnea, convertido en un simple mortal disfrazado de malo.
El callejón sin salida de los guionistas
Al quemar el cartucho estético del Sauron acorazado tras la caída de Eregion, la serie se ha encerrado a sí misma en un callejón sin salida narrativo. Han roto la regla de oro del legendarium: la pérdida de la forma bella es un castigo divino e irreversible ejecutado por Eru Ilúvatar durante el hundimiento de Númenor en el año 3319.
Al permitir que el Sauron de la serie alterne entre disfraces humanos y armaduras oscuras a conveniencia mucho antes de la catástrofe de la isla, le restan todo el peso mitológico al futuro cataclismo. Si el hundimiento de Númenor ya no es el evento que lo condena a ser un monstruo físico para siempre, entonces la intervención del Dios absoluto de Tolkien queda reducida a un mero accidente geográfico.
La pereza del «Copia y Pega»
The Rings of Power ha preferido el «copia y pega» de la Tercera Edad cinematográfica antes que esforzarse en trasladar la sutil y trágica decadencia de la Segunda Edad literaria. Nos han quitado al Dios caído que corrompe imperios con la palabra, la belleza, el engaño y el resplandor, y nos han dejado a un guerrero genérico con espinas en la cabeza. Para los anales de La Gloria de Gondor, este Sauron no inspira el pavor metafísico que Tolkien describió; solo inspira la profunda decepción de ver cómo los miles de millones de presupuesto de Amazon no pudieron comprar un ápice de fidelidad ni de respeto por el canon.



